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Cuatro ideas falsas sobre la evolución

La controversia que comenzó en 1859 sobre el concepto de selección natural descrito en el libro de Charles Darwin Del origen de las especies no ha cesado nunca realmente. Hoy más que nunca, hay movimientos religiosos en Estados Unidos, en Turquía y en otros países, que luchan para que se enseñe, en los cursos de biología, la tesis del diseño inteligente (intelligent design) como explicación alternativa del funcionamiento de la vida.

Los estudios de opinión confirman, por otra parte, que las tesis creacionistas -o las relacionadas con el creacionismo- tienen una gran aceptación en Estados Unidos1. Esta desconfianza es explicada como resultado de varios factores, entre los que se encuentra la mala comprensión que tiene el público de la teoría de la evolución y de sus mecanismos. En los debates, incluso los defensores de una enseñanza exclusiva de la evolución en los cursos de biología parecen a menudo muy poco familiarizados con lo que defienden2.

Sin embargo, la evolución es uno de los conceptos científicos más abundantemente vulgarizados. Sin embargo ha sufrido, paradójicamente, los efectos perversos de esta popularización. A lo largo de los decenios, se han desarrollado, en el gran público, una serie de ideas sobre lo que es la evolución, y estas ideas se han transformado muy rápidamente en preconcepciones profundamente arraigadas en el ciudadano joven. Desde pequeños, estamos influidos por referencias culturales como películas, publicidades, libros, periódicos, debates que lanzan sutilmente contra-verdades sobre esta teoría. Daremos un vistazo a cuatro de estas visiones ampliación extendidas3.

Una explicación simplificada de la selección natural. La versión incorrecta corresponde a una idea generalizada de la selección natural: las especies son vistas como uniformes y capaces de reaccionar a los cambios ambientales; estos cambios, además, están dirigidos exclusivamente hacia la mejora. En realidad, una versión más correcta de la selección natural es considerar el proceso como el resultado de dos fenómenos: las mutaciones al azar y la selección no aleatoria. Las mutaciones en el genoma de los gametos es la causa de nuevos rasgos, no orientados, en los individuos que resultan (rodeados de azul en el diagrama); las mutaciones aleatorias son responsables de la variabilidad dentro de la población. La selección no aleatoria es el proceso por el que se determina si estos rasgos ayudan o no al portador a tener más descendencia que sus congéneres. Los individuos que no están adaptados a su medio ambiente tendrán poca o ninguna descendencia (se indican con cruces rojas), mientras que los otros difundirán sus características en la población. Aquí, la población nunca es completamente homogénea y aparecen mutaciones al azar, pero solamente aquellas que son ventajosas son seleccionadas Este esquema se inspira de (Gregory, 2009).

No hay una jerarquía de la vida

Habitualmente, se describe la evolución como una especie de jerarquía de la vida, en la cual los organismos más sencillos (las bacterias) estarían en la base y los más complejos (los humanos) en la cima. En este sentido, la evolución fue de la bacteria al animal unicelular, el pescado, el mamífero, para llegar, finalmente, al ser humano; del nivel más bajo al más alto, del más simple al más complejo.

Pero esta visión de las cosas no se sostiene cuando tratamos de llenar, de manera exhaustiva, esta jerarquía de la vida: por ejemplo, ¿cómo se determinaría cuál es el animal más "elevado" en esta escala si quisiéramos colocar el león y el elefante, o las hormigas y las abejas? De hecho, la evolución no describe una jerarquía de lo viviente, es más bien, una descripción de cómo los seres vivos actuales están emparentados.

La selección natural, el principal mecanismo de la evolución4, estipula que todos los individuos que existen hoy provienen de linajes que han conseguido transmitir su patrimonio genético a través de las generaciones. A lo largo del tiempo, han surgido innumerables estrategias para transmitir la herencia genética y todos los organismos actuales tienen la propia5. En este sentido, se hace difícil calificar a las bacterias como "inferiores": han conseguido, con el mismo éxito que otros organismos, reproducirse hasta nuestros días.

Todos los organismos vivos, de las bacterias a los humanos, pasando por los robles y las hormigas, nos encontramos en el mismo "escalón" de la evolución: el conjunto de los que siguen existiendo y siguen reproduciéndose todavía hoy. La evolución no ha ido del más simple al más complejo, o de lo "inferior” a lo “superior". Ha ido del organismo ancestral al conjunto de los organismos actuales.

Ilustración por Renaud Helbig.

La idea de una jerarquía de la naturaleza en la que el ser humano se encuentra en la cima es una idea profundamente implantada en el pensamiento occidental mucho antes de que la noción de evolución apareciera. Aristóteles había elaborado una scala naturae en su obra Del alma; Carl Linnaeus también utilizó este principio cuando desarrolló su clasificación en su libro Systema Naturae. Y la noción aparece todavía en el pensamiento de Alfred Russell Wallace defensor y amigo de Darwin6. Para las personas que clasifican los seres vivos de este modo, la fuerza o la inteligencia del animal son buenos criterios para ordenar a los seres vivos. Pero veremos ahora que estas características no son siempre tan cruciales desde el punto de vista de la selección natural.

La "ley del más fuerte" no es una ley de la naturaleza

¿La selección natural no describe una lucha despiadada entre individuos para poder transmitir sus genes? en este contexto, ¿no es lógico pensar que el individuo más fuerte será capaz de matar a su presa, de amenazar el predador y de vencer a sus rivales para reproducirse? Ser el más fuerte parece ser la clave para tener más comida, menos peligro y ninguna competencia sexual -todo lo necesario para tener mucha descendencia-, y la mejor estrategia para volverse "el ganador de la Evolución".

El problema es que, en general, ser fuerte, tiene un coste, y este coste no compensa los beneficios en todos los contextos. Cuando se hace frente a un predador, puede ser más ventajoso volar rápidamente o ser lo suficientemente pequeño para poder esconderse fácilmente, en lugar de enfrentar al predador directamente; en caso de hambruna, es mejor haber acumulado grasa que haber producido un gran volumen de masa muscular.

De hecho, la selección natural no va en la misma dirección en todos los contextos: cada individuo es el resultado de una selección que lo hace adecuado para un entorno particular (que incluye el clima , los recursos, pero también sus congéneres y las otras especies que lo rodean). Si dentro de este entorno, ser el más fuerte para poder dominar a los demás es una ventaja reproductiva, entonces sin lugar a dudas, la selección natural favorecerá esta característica. Salvo que la selección natural no es sólo un duelo físico entre individuos; en muchos casos, al contrario, es más beneficioso ser discreto, parsimonioso o prudente.

Seres tan poco "fuertes" como los ratones o los pájaros también fueron seleccionados en el transcurso del tiempo geológico; si ahora están aquí, no es debido a algún llamado "error de la naturaleza", sino porque en su contexto evolutivo, ser el más fuerte no es una ventaja.

Así pues, la ley del más fuerte no se aplica a la naturaleza, ya que hay otras características que, en función del entorno, pueden dar una mayor posibilidad de supervivencia. Lo importante entonces es tener características que permitan a los individuos sobrevivir, ¿verdad? Bueno, en realidad ... No del todo ...

La supervivencia no es el objetivo final de la selección natural

Ser capaz de sobrevivir parece ser una característica clave de la Naturaleza. Llama la atención constatar que la aptitud para sobrevivir es universalmente compartida por todos los seres vivos. Un animal puede gastar toda su energía a huir de un depredador, las bacterias pueden responder a la amenaza de antibióticos, etc. A partir de estas observaciones, parece lógico afirmar que la supervivencia es el objetivo final en términos de selección natural.

Sin embargo, algunos casos de muerte deliberada se pueden observar en la naturaleza: en algunas especies de arañas, las madres se dejan morir cerca de su descendencia para, finalmente... ¡ser comidas por los recién nacidos7! Este comportamiento es una forma de dar a la progenie un buen comienzo en la vida. Un caso más conocido es el de la abeja obrera que no duda en sacrificarse picando al animal que se acerque demasiado a la colmena y esto, simplemente para poder proteger a sus hermanas aptas para la reproducción (en una colmena, todas las abejas son hermanas) -Hermanos, por tanto, que poseen gran parte de su patrimonio genético. De hecho, aunque la supervivencia es un instinto que ha sido ampliamente seleccionado durante la Evolución no es por ello el principio fundamental de la selección natural, sino solamente una de sus consecuencias.

Sobrevivir es, sin duda, un requisito previo para reproducirse: un animal que sobrevive hasta el momento de su reproducción tiene sobradas probabilidades de ver sus genes transmitidos a futuras generaciones. Pero más allá de la reproducción, si el individuo es más útil muerto que vivo para la transmisión del patrimonio genético, no hay ninguna duda de que su sacrificio será favorecido por la selección natural. La cuestión no es tanto si el individuo es capaz de sobrevivir, sino más bien si esa supervivencia contribuye de alguna manera a tener mayor probabilidad de transmitir sus genes.

La selección natural no hace actuar al individuo para el bien de su especie

Retomemos el ejemplo de las abejas que se sacrifican. El insecto parece tener un comportamiento puramente altruista. Su acción es perjudicial para ella (en este caso, se muere) y sólo beneficia a sus congéneres. La cooperación, como en el caso de las leonas que casan en grupo, es otro comportamiento que parece indicar que el individuo tiene una tendencia natural a ayudar a sus semejantes. Tanto el altruismo como la cooperación resultan totalmente comprensibles si tenemos en cuenta que una especie es un grupo solidario, que luchará contra las amenazas comunes, a menudo representadas por otras especies: abejas contra avispas, leones contra elefantes, etc.

Es importante hacer notar que el concepto de especie es delicado de manejar, incluso para los especialistas. Por ejemplo, si consideramos que una especie es un grupo de individuos que se pueden reproducir entre ellos (como se suele explicar en los cursos de biología de la escuela), se deja de lado la mayoría de los seres vivos: las bacterias, levaduras y otros organismos unicelulares que se reproducen de forma asexual8.

Pero hay algo más importante, el problema de los individuos que no cooperan. Pongamos un ejemplo: una colonia de bacterias donde la mayoría de las células parece altruista porque produce y difunde en el entorno una proteína compleja que permite consumir un recurso. Si el producto no es directamente beneficioso para la célula que lo produce, pero ayuda todas las demás células, y (y esto es importante) sin distinción, esta manera de comportarse puede considerarse como puramente altruista: las células utilizan recursos suyos para producir algo que todo el mundo puede utilizar. Parecería, en este caso, que las bacterias tienen una tendencia natural a ayudar a los miembros de su especie.

Pero esta explicación sencilla no se sostiene: imaginemos que una de las bacterias tiene una mutación que le impide producir esta proteína particular. Se podría entonces beneficiar del altruismo (porque puede consumir el recurso) sin por ello pagar el coste de la producción de la proteína. Esta ganancia de energía puede ser aprovechada para su reproducción. De acuerdo con la selección natural, después de algunas generaciones, esta mutación se encontrará ampliamente difundida entre la población y el comportamiento altruista disminuirá.

Con este ejemplo, se muestra que las afirmaciones del tipo: "los individuos tienden a actuar por el bien de su especie", no permiten explicar el comportamiento altruista y cooperativo en los organismos vivos; necesitamos explicaciones mucho más sutiles. Para los ejemplos anteriores, los biólogos que estudian la evolución, suelen dar como explicación, que la emergencia de estas conductas se debe a intereses puramente individuales: el objetivo es, siempre, transmitir, mejor que los congéneres, los propios genes. Las abejas que se sacrifican picando al depredador no lo hacen por todas las abejas del mundo, sino sólo por sus hermanas de la propia colmena con las que comparten la mayor parte de su patrimonio genético9. Si algunos animales cazan juntos, no es por solidaridad para con la especie, sino simplemente porque si son más, más grande es la presa potencial. Si la proporción de cada cazador es mayor de lo que habría obtenido cazando solo, entonces a cada miembro del grupo le interesa cazar junto con los otros10.

Conclusión

En mi opinión, si los principios de la selección natural son tan difíciles de transmitir a la opinión pública es porque van en contra de ciertas ideas profundas que se tiene de la vida y del ser humano. Nos gustaría vernos en la parte superior del reino de la vida, como el resultado, necesariamente, de una selección que siempre lleve a ser el más fuerte y el más inteligente o como formando parte, naturalmente, de un grupo solidario que enfrenta conjuntamente la adversidad. Desgraciadamente, o afortunadamente, la ciencia no siempre sigue nuestras aspiraciones filosóficas. No está aquí para complacernos o para halagar a nuestro ego, sino simplemente para darnos una visión coherente de cómo es el mundo.

Bibliografía

  • Alters, BJ, Nelson, CE, and Mitton, J. (2002). Perspective: teaching evolution in higher education. Evolution 56, 1891 1,901.
  • Clark, C.W., and Mangel, M. (1986). The evolutionary Advantages of group foraging. Theoretical Population Biology 30, 45-75.
  • Dawkins, R. (1976). The Selfish Gene (Oxford University Press, USA).
  • Evans, T.A., Wallis, E.J., and Elgar, M. A. (1995). Making a meal of mother. Nature 376, 299,299.
  • Gregory, T.R. (2008). Understanding Evolutionary Trees. Evo Edu out- reach 1, 121.137.
  • Gregory, T.R. (2009). Understanding Natural Selection: Essential Concepts and Common misconceptions. Evo Edu Outreach 2, 156,175.
  • Gregory, T.R., and Ellis, C.A.J. (2009). Conception of Evolution among Science Graduate Students. BioScience 59, 792799

Notas


  1. (Alters et al., 2002) 

  2. (Gregory and Ellis, 2009) 

  3. Existen muchas otras ideas falsas sobre la evolución. Puede encontrar otras en el sitio web http://evolution.berkeley.edu/evolibrary/misconceptions_faq.php (en inglés) 

  4. Hay otros mecanismos para la difusión de nuevos caracteres como la deriva genética o la selección sexual, etc ... Solo hablaré aquí de la selección natural. 

  5. Ver el artículo de Agustín Ávila en Kinea: http://kinea.media/es/ciencia-technologia/agave-murcielago 

  6. Ver el capitulo XV de Wallace, A.R. (1889). Darwinism, an exposition of the theory of natural selection with some of its applications. 

  7. (Evans et al., 1995) 

  8. Charles Darwin estaba al tanto de las dificultades para definir claramente la noción de especie. consagra todo el octavo capítulo de su libro a este tema (Darwin, 1859). 

  9. Se trata de la selección de parientes. Véase por ejemplo (Dawkins, 1976) 

  10. En realidad, este ejemplo tiene aún más riqueza en términos de la selección natural. Ver (Clark and Mangel, 1986).