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Cuestión de perspectivas o cómo el punto de vista afecta a la investigación

El cáncer es uno de los factores de riesgo sanitario más importantes tanto en el primer mundo como en zonas en desarrollo. Con más de 14 millones de casos diagnosticados y 8.2 millones de muertos en 2012 según la OMS, existe una gran presión social sobre la investigación de esta enfermedad. Durante años médicos, biólogos y demás científicos se han lanzado a intentar encontrar una cura para el cáncer, con éxitos parciales en el mejor de los casos. Después de varias décadas de estudios que llevan a ensayos clínicos infructuosos, y pese a que los tipos de cáncer más común ahora son más tratables que hace 20 años, algunos proyectos científicos están separándose de la investigación médica para dar paso a un punto de vista más global. Y es que, entender de dónde viene, y cómo funciona, es el primer paso para encontrar una posible cura fiable y general, puede que incluso común para todos los tipos diferentes que esta enfermedad presenta.

Ilustración por Klifton Kleinmann.

Este es un paso muy significativo, ya que normalmente la financiación, que es lo que, en muchas ocasiones determina qué proyectos se llevan a cabo, suele ser reticente a apostar por este tipo de enfoque, ya que los beneficios son desconocidos, mientras que invertir directamente en una cura para una enfermedad parece ofrecer un beneficio evidente.

Gracias a este nuevo enfoque, es cada vez más frecuente encontrar, tanto en medios especializados como en los grandes medios de comunicación, noticias sobre descubrimientos en este campo. Pese a que no hay que dejarse llevar por el entusiasmo con el que algunos de estos artículos están redactados, siempre es una buena noticia que se avance en este terreno.

Por ejemplo, un artículo firmado por Tomasetti et al., que se ha comentado mucho en diferentes medios –no siempre de forma adecuada–, sirve perfectamente para ver este cambio en el enfoque. Básicamente, lo que este equipo de biólogos pertenecientes al Sydney Kimmel Cancer Center –un instituto de la Universidad John Hopkins– ha descubierto es que, según sus datos, solo un tercio de la probabilidad de padecer cáncer está relacionada con factores ambientales, genéticos o de cualquier otro tipo. Los dos tercios restantes serían por tanto, cuestión de estocasticidad (mal llamada suerte). Por el funcionamiento de la copia del ADN, es inevitable que se produzcan una serie de errores con una cierta probabilidad (15 bases por año de media). Esta probabilidad es fija y compartida por todos los tipos de células, lo que significa que, tejidos que se dividen más veces, como el hígado, pues mostrarán una probabilidad mayor de adquirir una mutación que desarrolle cáncer.

Todo el genoma humano impreso como una serie de libros. Wellcome Collection, Londres. Foto por Russ London (bajo licencia CC BY-SA 3.0, fuente).

Este descubrimiento tumbaría la idea de la causalidad del cáncer, es decir, que el hecho de que tener cáncer puede no estar causado por un mal hábito, y que llevar una vida libre de factores carcinogénicos no es una salvaguarda para evitar terminar enfermo.

Sin embargo, como los mismos autores del estudio afirman al final de su artículo, existen algunos tipos de cáncer mucho más susceptibles a los factores ambientales que otros. Entre estos tipos encontramos los cánceres de colon, de pulmón y de páncreas. Muchas veces, la influencia ambiental provoca el aumento de la cantidad de divisiones celulares que padece el tejido, como en el caso del cáncer de pulmón causado por el amianto, el cáncer de hígado derivado de la cirrosis, o el cáncer de colon derivado del estreñimiento crónico. Así, los factores ambientales aumentarían notablemente la probabilidad de tener cáncer no por que aumenten la probabilidad de error durante la copia del ADN, sino por que aumentan la cantidad de oportunidades de que este fallo se produzca. Además, otros científicos han destacado algunas carencias en los datos de este estudio, como que no se contó con dos de los tipos de cáncer más comunes, el de próstata y pecho (seguramente porque están ligados al sexo del paciente) y que sus datos son solamente de Estados Unidos.

Si seguimos el razonamiento hacia el que nos conducen los resultados de este estudio, la siguiente pregunta sería: si el cáncer aparece por algo intrínseco al funcionamiento de la replicación del ADN, ¿de dónde proviene ese funcionamiento defectuoso?

Y a esto contesta nuestro siguiente ejemplo, firmado por Domazet-Lozo et al., que trata de rastrear el origen evolutivo de la formación de tumores. Para ello, se centra en un metazoo basal (es decir, un animal con características muy primitivas), llamado Hydra. Este es un grupo de organismos bastante estudiado en zoología, y un buen representante de los cnidarios, el grupo que engloba a los corales, las anémonas y las medusas. Hasta ahora, no se habían encontrado evidencias de que apareciesen tumores de forma natural ni en cnidarios, ni en esponjas, pese a que diferentes modelos estadísticos afirmaban que era de esperarse que los presentasen. El trabajo de Domazet-Lozo et al. encuentra crecimientos anómalos en, al menos, dos especies de este género.

Hydra. Foto por Przemysław Malkowski (bajo licencia CC BY-SA 3.0, fuente).

El mecanismo de crecimiento de estos tumores es muy similar al crecimiento de los oocitos (la células que actúan como huevos en estos animales), salvo por que estos tumores no padecen apoptosis, un proceso necesario para que el oocito se separe del cuerpo de la madre. De esta forma, el tumor sigue creciendo, ocupando no solamente el espacio externo de cuerpo del cnidario, sino que además ocupa la cavidad interna, dificultando seriamente la supervivencia del animal e impidiendo su reproducción.

Estos investigadores, además, han realizado una serie de experimentos mediante los cuales consiguieron que algunos individuos tumorales se reprodujesen. Los descendientes de estos animales también presentaban tumores, lo que parece indicar que las células tumorales de los padres migraron a los oocitos y formaron nuevos tumores en la prole. A la vista de este hecho, y mediante varios trasplantes, se estudió la capacidad de migración de las células tumorales. Los resultados mostraron que las células llegaron a ambos extremos del cuerpo del animal, independientemente de la región donde se implantara el trasplante.

Este artículo nos aporta unos datos muy interesantes sobre el posible origen de esta enfermedad, sugiriendo incluso que, tal vez, el cáncer sea una enfermedad inherente a la multicelularidad, ya que incluso los grupos basales dentro de los animales lo presentan.

Con metodologías, objetivos y desde campos distintos, ambas investigaciones arrojan luz sobre temas que, desde el punto de vista más “practico” hubiesen sido pasados por alto, pero que resultan interesantes a la hora de entender los mecanismos del cáncer, su aparición, propagación y posible tratamiento. Por ello, me gustaría reconocer la valía de todas esas investigaciones que, no estando enfocadas al manido objetivo de “curar el cáncer”, seguramente estén pavimentando el camino para una solución real y efectiva para una enfermedad que causa millones de muertos cada año.

Bibliografía

  • Tomasetti, C., & Vogelstein, B. (2015). Variation in cancer risk among tissues can be explained by the number of stem cell divisions. Science, 347(6217), 78-81.
  • Domazet-Lošo, T., Klimovich, A., Anokhin, B., Anton-Erxleben, F., Hamm, M. J., Lange, C., & Bosch, T. C. (2014). Naturally occurring tumors in the basal metazoan Hydra. Nature communications, 5.
  • Organización Mundial de la Salud (Febrero de 2015). Nota descriptiva No 297.