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La Europa de los javaneses

Al extranjero generalmente le tenemos miedo: es lo desconocido. Para atenuar el temor, es necesario primero definir el concepto. El francés sólo posee una palabra, “étranger”, para dos realidades diferentes que el inglés distingue1: “foreigner” y “stranger”. El extranjero o “foreigner” designa una persona que no posee la nacionalidad del país donde vive y trabaja. Pero la confusión surge por el hecho de que el “étranger” designa también, en la lengua francesa, el “stranger”, es decir, una representación de la alteridad, alguien que no nos es familiar. “El Otro es más a menudo aquel con el cual yo no me identifico y que tomo por exterior a mi comunidad2.” La xenofobia y el racismo a menudo son consecuencia de esta amalgama de la nacionalidad de una persona y el presupuesto inconsciente e irracional de su incompatibilidad con nuestra nacionalidad. Esta definición permite ante todo recordar que la alteridad no es un hecho disponible en el estado natural del hombre, sino una construcción: “ […] la exterioridad está dada por la geografía, por la historia, por la lengua. La exterioridad se constata; mientras que la alteridad se construye.3” El aumento de las tensiones con los extranjeros, en particular actualmente en Europa, está ligada a la amalgama del extranjero, el ser humano que no vive en su país, y el fantasma de un Ailleurs (“lo que está en otra parte”, “lo que es diferente o lejano”) que inquieta cierta concepción de la identidad nacional (un pueblo, una lengua, una nación). El olvidar que uno “no nace extranjero, se convierte”, que “nadie nace no asignado, a algún lugar, a algún tiempo […] Uno no se convierte entonces en lo que ha sido. En este caso, convertirse en extranjero es convertirse en lo que uno no ha sido, en lo que uno nunca ha sido4” hace posible el aumento de los populismos y nacionalismos que alientan el repliegue sobre sí, yendo, sin embargo, en contra de los supuestos valores de una verdadera Unión Europea. El extranjero –forma de evasión, chivo expiatorio de los problemas ligados al capitalismo agresivo, al aumento de las desigualdades y a la globalización disoluta– cristaliza las tensiones.

Estos problemas no son nuevos: es fácil establecer el lazo entre la situación de hoy y aquella del periodo de entreguerras. En efecto, la crisis económica (la caída de la bolsa de 1929 vs. crisis bancaria de 2008), el ascenso de los nacionalismos (diferentes fascismos de los años 30 vs. ascenso de los partidos populistas y antieuropeos en Europa: FN, Aube dorée, UKIP, PVV, etc.) y las diferentes guerras (Segunda Guerra Mundial vs. conflicto ucraniano, guerras en el Cercano Oriente y el Oriente Medio) presentan un esquema similar. La violencia contra las poblaciones extranjeras ha alcanzado su paroxismo con la toma del poder por parte de estos partidos en los años 30, y sus consecuencias no deben ser olvidadas. Los campos de trabajo, de concentración y de exterminio de los seres humanos considerados como “la escoria de la tierra5” por ser otros, diferentes, extraños / extranjeros, hoy deberían provocar una movilización más importante frente a la política del silencio y de la espera de un desenlace milagroso de la Europa que concierne a los migrantes que van a parar al Mediterráneo, y a las poblaciones abandonadas al sufrimiento, sin ayuda. Una solución para disminuir el odio y el miedo es conocer y comprender mejor al extranjero. Para conseguirlo, se necesita verlo por dentro, aprehender la alteridad, reducir la extrañeza y acercar los mundos diferentes.

Un libro de los años 30, todavía de una “actualidad impresionante6”, nos permite, gracias a un “caleidoscopio7” de voces narrativas, integrarnos por el tiempo de una lectura a una comunidad de obreros emigrados al sur de Francia. Los javaneses de Jean Malaquais presenta y aclara, desde un ángulo diferente, los actuales problemas europeos y mundiales relacionados con el extranjero y con la alteridad.

Jean Malaquais es un europeo. Mejor, un internacionalista8, tanto por sus ideales como por su historia. Polaco de nacimiento, internacionalista convencido y opositor del estalinismo de los primeros días, después de su bachillerato sale a ver el mundo y viaja por Europa, por África del Norte, arreglándoselas con pequeños trabajos ocasionales. Trabaja en particular, a finales de los años 30, en una mina del sur de Francia, que será la inspiración principal de su primera novela, Los Javaneses. Encuentra a Andre Gide tras haberle enviado una carta incendiaria reprochándole declarar en la NRF (Nouvelle Revue Française): “Hoy siento, gravemente, penosamente, esta inferioridad --por nunca haber tenido que ganarme el pan, por nunca haber trabajado en la miseria9.” Una larga amistad, que durará hasta la muerte de Gide, nace de esta arenga. Malaquais, sin embargo, responde a Gide, autor respetado y adulado de la época:

[…] que, si él se sentía inferior por comer a placer, yo no me sentía nada superior por no tener nada para calmar mi hambre; que yo soñaba con ser contratado porque eso me llenaría el estómago, y que abominaba esa idea porque eso me vaciaría de mi sustancia; que la falta de trabajo nos hace pasar hambre y que el trabajo nos sobrepasa y nos hace polvo; que nada degrada como la esclavitud del asalariado; que la única “instrucción profunda” que ahí cosechamos lleva por nombre fatiga y miseria10.

Gide le permite a Malaquais dejar de trabajar para dedicarse a la escritura de Les Javanais11, en francés aunque él domina varias lenguas, y de hecho su dominio del polaco y del alemán es mayor que el de la lengua de Molière. Esta novela le valdrá el premio Renaudot en 1939 y será completamente reescrita hacia al final de la vida del autor, en 1995, con el fin de ofrecer sus javaneses intemporales, y todavía de tan notoria actualidad, al público de los años 90. Les Javanais es una novela que cuenta la vida de trabajadores extranjeros en una mina del pueblo ficticio de Vaugelas, que corresponde en la realidad a La Londe-les-Maures. Trabajando en la ilegalidad, apátridas, exiliados políticos o emigrados económicos, estos “javaneses” viven en barracas insalubres que bautizan como “l’île de Java” (la isla de Java). La mina es vieja y peligrosa, y un accidente de trabajo va a conducir, aunado a la vehemencia del jefe local que quiere deshacerse de estos “métèques” (término peyorativo que se refiere a los extranjeros instalados en Francia) (LJ 105) a toda costa, al cierre de la mina, volviendo a poner a los javaneses en las carreteras, “partiendo a poblar otras islas –otras y siempre las mismas—“ (LJ 254).

Imagen de una mina en los años 20 en Oklahoma, bajo licencia Creative Commons. Fuente.

Malaquais logra, con brillantez, revelar la construcción de la alteridad que soportan los extranjeros, alteridad construida por las autoridades y consecuencia de la situación histórica. En esa época, “la desnacionalización se convierte un arma potente” que permite “a los gobiernos persecutores imponer sus modelos de valores […] aquellos que la persecución había nombrado indeseables se convirtieron en los indeseables de Europa12”. Los javaneses son como los “sin Estado” de Hannah Arendt, “relegados a una condición de superfluidad (superfluity), no solamente en el sentido de no necesario, sino también en el de un excedente desechable (Uberflüssigkeit) del sistema político y del mundo13”. Todavía más insidioso que la persecución directa es el hecho de que los javaneses son confinados a los márgenes de la sociedad francesa, a la periferia de la ciudadanía y de la legalidad, tales como fantasmas, invisibles, inexistentes. Así, el jefe local francés Carboni recuerda: “vayan con cuidado con los métèques (…) de la mina. No es que sea muy lícito hacer esto, ¡pero ya basta!” (LJ 105). Esta cita ilustra la « superfluidad » de los extranjeros emigrados pobres de la época; la siguiente pone en evidencia el aspecto de “excedente desechable”: “Extranjeros en situación irregular, de acuerdo, eso también nos hacía falta, incluso en Francia, y sí, es archiconocido, los acoge en su seno, sólo que tanto va el cántaro…” (LJ 112). Cuando Malaquais da la palabra a los franceses, éstos duplican la extranjería de los extranjeros con un pleonasmo, recordando que son extranjeros “no de nuestra casa” (LJ 197). La nacionalidad del extranjero está aquí amalgamada con una dimensión desconocida inquietante y amenazante, que conduce al racismo, como de ello da testimonio este discurso indirecto libre de un xenófobo anónimo francés:

“Ritals” (nombre peyorativo dado a los inmigrantes italianos), rutenos, búlgaros, turcos, váyanse, todos esos “norafs” (manera peyorativa de referirse a los norafricanos) no de nuestra casa. De acuerdo, ellos también nacieron de una mujer, necesariamente, pero como quien dice al borde del camino, de ahí que éstas sean razas sin papeles ni nada. Miren, a ellos no les buscamos pelea, para nada, la prueba es que somos hospitalarios y todo, salvo que yo, los Polacos-Bosniacos-Macacos (…), reconozcan que ya estamos hasta la coronilla de ellos. Yo confesamos, yo confesamos (LJ 197).

Como explicábamos más arriba, el rechazo de la alteridad proviene a menudo de olvidar que la calidad de extranjero no es natural, sino cultural. Así, los franceses de Vaugelas rechazan a estos apátridas, mientras que Malaquais recuerda que ellos no lo son por elección y más bien soportan este estatus por la situación histórica y política: “Este albano, hasta hace poco sujeto austro-húngaro-rumano según el tratado de Viena, ahora sujeto cero según el tratado de Versalles, enumera al checo o serbio o yugoslavo, como ustedes decidan, las cien maneras de violar las fronteras en las narices de los aduaneros.” (LJ 197) Malaquais recuerda que estos “extranjeros de Java” (LJ 24), opuestos de manera maniquea y superficial a los “franceses de nuestra casa” (LJ 24), sufren su apatridia. Hoy se puede establecer un paralelo con el rechazo a los migrantes en busca de refugio en Europa: ellos sufren tanto como los emigrados del periodo de entreguerras una situación que no han deseado.

Imagen de refugiados syrianos en Budapest pidiendo viajar a Alemania. Fotografía tomada el 2 de spetiembre de 2015. Puesta por el autor bajo dominio público. Fuente.

Malaquais da testimonio, asimismo, de las condiciones de trabajo de emigrados de la clase obrera: la intemporalidad del sujeto hoy es sensible en Europa, donde la disparidad de los niveles de vida impide y destruye la misma idea de una Europa social y solidaria. Recordemos ya que:

La permanencia que se autoriza al emigrado está completamente sujeta al trabajo, la única razón de ser que se le reconoce: de ser en tanto que emigrado al comienzo, pero también y muy rápido en tanto que hombre –su calidad de hombre siendo subordinada a su condición de inmigrante14–.

La mano de obra javanesa sirve para los trabajos más duros y más peligrosos: “Sería raro que un francés vaya a sudar allá adentro. No es tan imbécil” (LJ 105). La descripción del trabajo en la mina ilustra bien lo ardua que es la actividad que se les impone a los emigrados:

Era una vieja mina en ruinas y descuidada. La galería se excavaba como sea, la extracción de roca sin importar el peligro […] Era una mina jodida, se sacaban las riquezas sin orden, sin plan, sin economía15.

El tópico del accidente de la mina, inaugurado con Zola en Germinal, comienza así en Les Javanais: “Y allí fueron los hombres. Los gruesos martillos revoloteaban, la piedra chasqueaba, las galerías se cavaban16.” El pretérito imperfecto da una impresión de fatalidad por su aspecto iterativo. Esta descripción que se desarrolla justo antes del accidente podría corresponder a cualquier día en la mina desde hacía años; no hay nada en particular que anuncie el drama, nada para impedirlo. Malaquais describe así el fatalismo inherente al trabajo de los mineros. También podemos observar que los materiales, “los gruesos martillos”, “la piedra” y “las galerías”, se vuelven los sujetos de la oración: la tierra recobra así derecho sobre los hombres. El accidente, que causará dos muertes, conserva toda su actualidad si se piensa en los oficios peligrosos y mal pagados que a menudo los emigrados se ven obligados a ejercer todavía hoy.

Sin embargo, la obra de Malaquais es una novela que conserva la esperanza y propone soluciones reales a futuro. En primer lugar, valora la fuerza de una identidad colectiva frente al egocentrismo de la sociedad capitalista individualista. Este símbolo de solidaridad pasa por la representación de esta colectividad javanesa, que proviene de todos los países pero logra entenderse, hablando allí una lengua compuesta por todos los idiomas maternos de los mineros, plurilingüismo que prefiere incluir la alteridad antes que excluirla, mostrando así la fraternidad entre todos los hombres:

¿Qué hacer en una isla de Java, isla flotante, isla bastarda colgada a la cola del diablo? Me cago in Dios, soliloquia el javanés si es español. Ruskoff (término del argot que designa “ruso”), él soliloquia yob twaïou douchou. Mismas palabras, mismos estertores piadosos de una lengua a otra. Henri Lehoux, único y verdadero francés en la Isla de Java, mira con lujuria el culo de las javanesas. ¡Santa puta de burdel de mierda! (LJ 51)

Java es una “isla” que recibe a los apátridas, exiliados, rechazados del mundo entero sin pedir ni pasaporte ni visa, verdadero “paraíso en la tierra: allí se recibía a todo el mundo, grandes y pequeños, forzudos y enclenques, cristianos o no.” (LJ 74). Y sobre todo, la novela de Malaquais, en particular la reescritura de 1995, es una novela donde el humor es omnipresente, a pesar de los temas muy serios que son la apatridia y el exilio. Los javaneses viven en la ilegalidad, en la amenaza de renvío a las fronteras, no ganan “mucho mucho” (LJ 35), pero conservan su buen humor; y la narración es a menudo rica en invenciones lingüísticas asombrosas y en humor, como ese javanés que hace notar que, como no comprende bien el acento inglés del patrón de la mina, “además de ser inglés el direttore sólo tenía una brazo, lo que, ya se sabe, te corta la mitad de las facultades y nubla la elocuencia” (LJ131).

Malaquais hace crecer su fuerza y su esperanza en la solidaridad internacional, ya que “sufrir juntos es sufrir menos17”. Entonces podemos sacar lecciones de Los Javaneses, escrita en los años 30 y sin embargo todavía actual hoy, y aplicarlas en la Unión Europea. Hoy Europa no llega a integrar a todo el mundo, ya que le falta (¡entre otras cosas!) un verdadero federalismo, una verdadera política social común, como Malaquais ya lo preconizaba, dirigiéndose a Gide, en 1994: “ […] una federación europea, con unificación política y económica18” es para él uno de los únicos medios para pacificar Europa y para ahorrarse numerosos sufrimientos inútiles.

La Unión Europea ha sido un primer paso adelante en la óptica de una solidaridad fraternal entre todos los hombres. Este primer paso no es, o ya no es, suficiente hoy, y la crisis griega ha mostrado claramente la falta de democracia europea. Además, habiendo sido integrados a la Unión Europea los indeseables de ayer (por ejemplo, los polacos, los españoles, los italianos de Java), otros indeseables han sido creados, reproduciendo entonces los mismos errores que en el pasado. La exclusión nacional, racial o religiosa se reproduce y se transfiere a otros javaneses en busca de refugio. La Unión Europea debe asumir sus responsabilidades y poner realmente en práctica los valores que la sostienen, convertirse en un faro contra el obscurantismo, un estado federal plurilingüe. Y así podría ser una primera etapa en el camino hacia un mundo más justo y solidario, por largo que sea el camino. Nosotros concluimos con esta nota de esperanza, típicamente malaquaisiana y javanesa, que queda por meditar para imaginar la Europa de mañana.

Cualquiera que sea el punto de vista de los personajes, lo que se puede constatar es que Los javaneses deja entrever una suerte de utopía concreta. Algunos personajes no son crédulos que vean en su isla de Java un “milagro” donde los polis “no muerden”. Pero Java representa, a los ojos de muchos, un “paraíso”, “asilo”, “oasis”. Es una moderna Babel donde uno discute, donde uno lucha y se pelea, pero donde la gente se comprende. Allí la gente vive junta y, en definitiva, bien en realidad. Este sueño encarnado no estaba destinado a durar, era demasiado frágil, demasiado precario, demasiado milagroso para esperar que subsista. Lugar vivo, en perpetua mutación, lugar aparte, marginado, Java pertenece a los javaneses, tanto que cuando ellos se van, cuando el éxodo ocurre, se llevan a Java consigo, “portadores de gérmenes…que parten a poblar otras islas”. Java es un lugar-fénix, listo para renacer en cualquier parte. Java es una utopía que toma cuerpo19.

Manifestación en Berlin. Texto: Refugiados, bienvenidos. Fuente.

Bibliografía

  • GIDE, André, MALAQUAIS, Jean, Correspondance, 1935-1950, Paris, Phébus, 2000, p. 25.
  • MALAQUAIS, Jean, Journal de guerre, seguido de Journal du métèque, 1939-1942 [1943], Paris, Phébus, 1997.
  • MALAQUAIS, Jean, Les Javanais [Paris, Denoël, 1939], Paris, Phébus, 1995.
  • MALAQUAIS, Jean, Planète sans visa [1947], Paris, Phébus, 2009.

Lecturas complementarias

  • ARENDT, Hannah, Imperialism [1948]. Traducción de Martine LEIRIS con el título L’Impérialisme, en Les Origines du totalitarisme. Eichmann à Jérusalem, Paris, Gallimard, 2002, pp. 367-608, p. 563.
  • BADIE, Bertrand, SADOUN, Marc (ed.), L’Autre, Paris, Presses de la fondation nationale des sciences politiques, 1996.
  • CALOZ-TSCHOPP, Marie-Claire, Les Sans-Etat dans la philosophie d’Hannah Arendt : les humains superflus, le droit d’avoir des droits et la citoyenneté, Lausanne, Payot, 2000.
  • JULLIEN, François, L’Ecart et l’entre. Leçon inaugurale de la Chaire sur l’altérité, Paris, Galilée, 2012.
  • KOESTLER, Arthur, Scum of the Earth, London, Jonathan Cape, 1941.
  • LE BLANC, Guillaume, Dedans, dehors. La Condition d’étranger, Paris, Seuil, 2010.
  • NAKACH, Geneviève, Malaquais rebelle, Paris, Cherche-Midi, 2011 [Biografía de Jean Malaquais].
  • SAYAD, Abdelmalek, L’Immigration ou les paradoxes de l’altérité. L’Illusion du provisoire [1991], Paris, Editions Raisons d'Agir, 2006.
  • SEMPRUN, Jorge, « Le Retour en fanfare des Javanais », Journal du dimanche, 24 de septiembre de 1995.
  • SULEIMAN, Susan, « Choosing French. Language, Foreignness, and the Canon (Beckett/Némirovsky) », in Christie MCDONALD, Susan SULEIMAN (dir.), French Global. A New Approach to Literary History, New York, Columbia University Press, 2010, pp. 471-487.
  • TROTSKY, Léon, « Un nouveau grand écrivain : Jean Malaquais » [1939], in Littérature et révolution [1900-1939]. Traducción de FRANK, Pierre, LIGNY, Claude, MARIE, Jean-Jacques, Paris, 10/18, 1964, pp. 333-346.

Si quiere seguir las novedades malaquaisianas, consulte el sitio de la Société Malaquais (en francés).

Notas


  1. Leer sobre este tema el artículo de Susan SULEIMAN, « Choosing French. Language, Foreignness, and the Canon (Beckett/Némirovsky) », en Christie MCDONALD, Susan SULEIMAN (dir.), French Global. A New Approach to Literary History, New York, Columbia University Press, 2010, pp. 471-487. 

  2. Bertrand BADIE, Marc SADOUN (dir.), L’Autre, Paris, Presses de la fondation nationale des sciences politiques, 1996, p. 17. 

  3. François JULLIEN, L’Ecart et l’entre. Leçon inaugurale de la Chaire sur l’altérité, Paris, Galilée, 2012, p. 17. 

  4. Guillaume LE BLANC, Dedans, dehors. La Condition d’étranger, Paris, Seuil, 2010, p. 33. 

  5. Del título de la obra de Arthur KOESTLER, Scum of the Earth, London, Jonathan Cape, 1941. 

  6. Jorge SEMPRUN, “Le Retour en fanfare des Javanais”, Journal du dimanche, 24 de septeimbre de 1995. 

  7. Geneviève NAKACH, Malaquais rebelle, Paris, Cherche-Midi, 2011, p. 101. 

  8. El internacionalismo es una ideología que se opone al nacionalismo. El internacionalismo de los movimientos obreros propone una solidaridad entre todos los hombres, una fraternidad universal en un mundo sin fronteras. Convoca tanto a la unidad de los proletarios de todos los países, como a la instauración de un sistema sin clases, sin Estados y sin fronteras por todo el mundo.  

  9. André GIDE, Jean MALAQUAIS, Correspondance, 1935-1950, Paris, Phébus, 2000, p. 25.  

  10. Id., p. 26. 

  11. Jean MALAQUAIS, Les Javanais [Paris, Denoël, 1939], Paris, Phébus, 1995 [Abreviado en LJ]. 

  12. Hannah ARENDT, Imperialism [1948]. Traducción de Martine LEIRIS con el título L’Impérialisme, en Les Origines du totalitarisme. Eichmann à Jérusalem, Paris, Gallimard, 2002, pp. 367-608, p. 563. 

  13. 13 Marie-Claire CALOZ-TSCHOPP, Les Sans-Etat dans la philosophie d’Hannah Arendt : les humains superflus, le droit d’avoir des droits et la citoyenneté, Lausanne, Payot, 2000, p. 12. 

  14. 14 Abdelmalek SAYAD, L’Immigration ou les paradoxes de l’altérité. L’Illusion du provisoire [1991], Paris, Editions Raisons d'Agir, 2006, p. 50. 

  15. Jean MALAQUAIS, Les Javanais, Paris, Denoël, 1939, p. 75/76. 

  16. Id., p. 142.  

  17. André GIDE, Jean MALAQUAIS, Correspondance, op. cit., p. 116. 

  18. Id., p. 179. 

  19. Yann MARTIN, « Jean Malaquais internationaliste », pp. 67-81, en Cahier Malaquais n°1, 2010, p. 79.