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¿Dónde están las mujeres artistas? Un análisis de las desigualdades entre mujeres y hombres en el mundo del arte

Élisabeth Vigée Le Brun, Autoretrato, 1790

«¿Cuáles son los grandes nombres de la poesía de aproximadamente el último siglo?» se pregunta la escritora Virginia Woolf en 1929 en su famoso ensayo titulado Una habitación propia, en el cual concluye que existe una hegemonía masculina en el mundo de la literatura. Describiendo las múltiples barreras económicas y sociales que deben afrontar las escritoras, especialmente debido al matrimoni y la maternidad, concluye que es imprescindible para cualquier mujer deseosa de escribir una ficción «tener dinero y una habitación propia». Considerada hoy en día como una obra emblemática de la historia del feminismo, el ensayo de Virginia Woolf, casi un siglo después de su edición, mantiene todavía actualidad en nuestra sociedad contemporánea. De hecho, las mujeres siguen siendo todavía objeto de fuertes desigualdades frente a los hombres en el mundo del arte. En la práctica totalidad de los campos artísticos, están menos representadas, peor pagadas que los hombres, y a menudo el reconocimiento de su trabajo es menor.1 Esta marginalización es histórica: Ernst Gombrich, en su Historia del Arte,2 una de las más célebres obras de historia del arte, no cita ni una sola mujer. En otro registro totalmente distinto, las mujeres solo son el 16% de los autores de las obras que se representaron en los teatros nacionales franceses en el 2016.3 Si nos entretuviésemos un instante, nos daríamos cuenta de que es muy difícil citar directoras de orquesta, directoras de cine o arquitectas, mientras que recordaríamos gran cantidad de colegas masculinos.

Artemisia Gentileschi, Judith y su criada, 1618-1619

En la década de 1960, la segunda oleada del feminismo permitió redescubrir el trabajo de las mujeres artistas. El resurgimiento del interés por las figuras femeninas de la historia del arte, como pueden ser Artemisa Gentileschi, Angelica Kauffman o Rosa Bonheur desembocó en la aparición de nuevas ramas de estudios como la historia del arte feminista.4 Esta corriente dirigida por investigadoras como Eleanor Tufts, autora de Our Hidden Heritage: Five Centuries of Women Artists publicado en 1974, o también Linda Nochlin que, en su artículo fundacional publicado en 1971 y titulado «Why have there been no great women artists?», defiende la controvertida idea que efectivamente nunca ha habido grandes artistas femeninas en la historia, ya que las instituciones sociales estaban en aquel entonces ampliamente dominadas por los hombres.5 Toma como ejemplo la representación del desnudo, históricamente consagrado en el mundo del arte, y en otro tiempo formalmente prohibido a las mujeres pour cuestiones de pudor, moral y decencia. Sin embargo, la cuestión de la marginación de las mujeres artistas no únicamente ha interesado a los historiadores del arte o a las mujeres. Se ha extendido a otras disciplinas procedentes de las ciencias sociales, como por ejemplo la ciencia política, la sociología e incluso la economía. En efecto, Tyler Cowen, considerado entre los economistas más influyentes de los años 2000 por la revista The Economist, muestra su interés por el tema en un artículo titulado «Why Women Succeed, and Fail, in the Arts». Aquí, el análisis de las carreras artísticas se centra en los costos de oportunidad y la movilización de recursos económicos y sociales, poniendo de manifiesto varios factores que explican la baja presencia de mujeres en el arte a lo largo de la historia.6

Angelica Kauffmann, Autoretrato, 1784

Varios factores explican estas desigualdades

Una primera explicación es que el acceso a la educación artística durante mucho tiempo estuvo vetado a las mujeres. Es importante recordar que se tuvo que esperar hasta 1897 para ver a mujeres que integraban oficialmente la prestigiosa escuela de Bellas Artes. Antes de esta fecha, la educación artística de mujeres estaba restringida al dominio privado. Así se puede observar que prácticamente la totalidad de las pintoras del siglo XVII y del XVIII recibieron un aprendizaje en el seno de una familia de artistas, con frecuencia al lado de un padre que era pintor. Es el caso de Elisabeth Vigée Le Brun, pintora de la corte de Luis XVI y autora de los célebres retratos de María Antonieta, y también de Angelica Kauffman o de Lavinia Fontana. Estas artistas se beneficiaban no solo del saber y de los consejos de su padre, sino que también disponían del material particularmente costoso y necesario para la producción artística, como un taller, un lienzo, pintura… En realidad, la marginación histórica histórica de las mujeres en la educación artística —y de manera más general en el arte— debe relacionarse con los estereotipos de género y, en particular, la idea, en otro tiempo admitida comúnmente, de que el arte sería por definición dominio masculino, debido a las cualidades y a los esfuerzos que mobiliza tales como destreza, rigor o determinación. Así, la práctica artística para las mujeres se ha asociado durante mucho tiempo a un pasatiempo o a un ocio que se tenía que limitar a la representación de escenas de género o de bodegones. Las mujeres que se lanzaban a verdaderas carreras artísticas eran vistas como seres subversivos, y a menudo las insultaban y se burlaban de ellas los homólogos masculinos.7 Es interesante observar que algunas mujeres artistas adoptaron ciertos atributos masculinos para legitimizar su trabajo, defenderse o senzillamente apropiarse a la vez el ejercicio del arte: Artemisia Gentileschi, una de las grandes pintoras del siglo XVII, gozaba de una libertad y de una autonomía impensables en una mujer de su época, y su infalible determinación, a pesar de una dramática historia personal -fue violada, llevada ante la justicia y torturada- la llevó a representar con fuerza y violencia escenas religiosas, generalmente reservadas a los hombres.8 Dos siglos más tarde, Rosa Bonheur, célebre por sus pinturas de animales, recupera los códigos de la masculinidad apareciendo junto a su compañera fumando cigarrillos y rechazando obstinadamente el uso del vestido: «Mis pantalones han sido grandes protectores», diría ella.9

Lavinia Fontana, Bianca degli Utili Maselli, sosteniendo un perro y rodeada de seis de sus hijos, antes de 1614

Para considerar la posición de las mujeres en el arte, también hay que considerar el papel más general de las mujeres en la sociedad, especialmente en el matrimonio y la maternidad. En el mundo del arte, como en otros lugares, tanto hoy como en el pasado, las mujeres interrumpen sus carreras más pronto y con mayor facilidad que los hombres; desde hace mucho tiempo han estado restringidas a la esfera doméstica y especialmente a la educación de los niños, y probablemente son numerosas las que han renunciado a una carrera artística en el transcurso de la historia. Eleanor Tufts, en su obra Our Hidden Heritage, en la que retrata a 22 mujeres artistas, ocho de las cuales nunca tuvieron hijos, en una época en que era común tener varios. En este contexto, la institución del matrimonio era igualmente convincente, como lo revela la norteamericana Anna Lea Merritt (1844-1930), que establece que «el principal obstáculo para el éxito de una mujer es que ella nunca podrá tener esposa», refiriéndose así a las numerosas tareas domésticas atribuidas a las mujeres. Por otra parte, el matrimonio era también una de las únicas maneras para toda una generación de mujeres pintoras de vanguardia en el siglo XX para mejorar y legitimar su trabajo junto a la de su marido, como era el caso de Sonia y Robert Delaunay, o de Sophie Taeuber y Hans Arp, testificando su falta de independencia y reconocimiento personal.10 Por el contrario, la escultora Camille Claudel, musa y compañera de Auguste Rodin, se endosó la figura de artista maldita cuando se separó del escultor para embarcarse en una carrera personal: alejada, se hunde en la locura y muere en el anonimato más total, a pesar de cierto talento que ahora se le reconoce.

Camille Claudel, Mujer joven con los ojos cerrados, alrededor de 1885

Finalmente, el enfoque económico de la historia del arte destaca los mecanismos que condicionan la producción artística de las mujeres y las han marginado. Hablamos de la cuestión del acceso a la educación artística, pero el costo de la producción artística en sí ha sido a menudo decisivo: las mujeres han tendido a dedicarse a los géneros artísticos menos costosos. Antes del siglo XX, están ampliamente representadas en el campo de la pintura, especialmente la acuarela, mientras que hay escasas escultoras - la práctica de la escultura es mucho más costosa que la de la pintura . Por encima de todo, constituyen una gran mayoría en las llamadas artes domésticas como el bordado, probablemente porque estas actividades les permitieron combinar la práctica artística con su papel en el hogar, pero debido a su fuerte feminización, nunca han sido elevadas al rango de cánones y han permanecido marginados hasta el día de hoy. Además, las barreras que enfrentan las mujeres en el mundo del arte no se limitan a criterios económicos: las mujeres están históricamente sub-representadas en el mundo de la arquitectura, donde la movilización de los recursos sociales (equipo, desarrollo de la red) es esencial. Hoy en día, en Francia, las mujeres arquitectas representan sólo una cuarta parte de la profesión (eran sólo el 7,5% en 1983).11 Otros géneros artísticos, totalmente inéditos y aparecidos durante el siglo XIX, eran mucho más accesibles para las mujeres. Este fue el caso de la fotografía: era un nuevo medio que no estaba exclusivamente reservado a los hombres, cuyo uso no requería una educación artística especial, ya que no había escuelas en ese momento de fotografía. Lo mismo sucedía con el arte ingenuo, estilo que apareció en el siglo XIX, caracterizado por colores brillantes y formas que no tenían en cuenta la perspectiva, y que fue llevado por los artistas autodidactas y aficionados. Así, en la Encyclopédie mondiale de l’Art Naïf (Enciclopedia Mundial del Arte Ingenuo), 212 mujeres se citan para 594 hombres. Cuando aparecieron, el arte ingenuo y la fotografía se consideraban artes secundarias o incluso ilegítimas. Más recientemente, las mujeres se han apropiado del arte de actuación en los años setenta, a menudo en una perspectiva feminista, cuestionando la noción de género y la relación con el cuerpo a través de este medio subversivo de actuación, para sacudir el mundo del arte.12 La artista francésa Orlan, especialista en arte corporal, forma parte de un proceso de reapropiación del cuerpo femenino frente a presiones sociales, políticas y religiosas con sus actuaciones, trabajando su propio cuerpo a través de la cirugía estética

Detalle de bordado, cuevas de Mogao, dinastía Tang (618-907)

Un reequilibrio difícil

El número de mujeres artistas ha aumentado constantemente a lo largo de la historia, paralelamente a la democratización del arte, que se ha vuelto más accesible gracias a la apertura de la educación artística, (democratización del lápiz dentro de las familias más modestas, aparición de tubos de pintura bajo la Revolución Industrial) sino también gracias a la emancipación de las mujeres. El siglo XX vio la aparición de toda una nueva generación de mujeres artistas en casi todos los campos, incluyendo la escultura. Sin embargo, las desigualdades entre mujeres y hombres en el mundo del arte siguen siendo hoy en día particularmente numerosas y se manifiestan en muchos aspectos. En primer lugar, los cargos de autoridad y liderazgo, como directores de orquesta o directores de cine, son en su mayoría hombres. Un estudio realizado por la Sociedad de Autores Dramáticos y Compositores en 2016 informa que las compositoras y directoras de orquesta representan sólo el 6% de los oficios.13 En el mundo del teatro, con la excepción de unas pocas instituciones que han respetado la paridad, la proporción de directoras es generalmente entre 25 y 30% en Francia. De hecho, esta segregación de funciones conduce a una gran brecha de ingresos. También se refleja en la inestabilidad de las carreras experimentadas por las mujeres, lo que les obliga a ejercer un oficio paralelo a su actividad artística para obtener ingresos e interrumpir sus carreras antes que los hombres.14 Por último, la creación artística de las mujeres siempre sufre de falta de visibilidad y reconocimiento: desde la creación del Festival de Cannes en 1946, sólo una mujer, Jane Campion, ha obtenido la Palma de Oro en 1993. Asimismo, desde 1980, 144 hombres han sido seleccionados para el premio Molière de director contra 12 mujeres, y solamente 3 de ellas han sido recompensadas. Esta discriminación también ocurre a escala estatal: en 2004, únicamente el 5 % de las obras de arte compradas por el Estado las han realizado mujeres.15

Sophie Taeuber, Composición geométrica vertical-horizontal, 1926-1928

Por último, a pesar de la feminización de los estudios artísticos, que hoy tienen más mujeres que hombres, el mundo artístico sigue siendo un entorno particularmente inhóspito e intransigente para las artistas. Sin embargo, se están adoptando medidas e iniciativas para fomentar la igualdad entre mujeres y hombres en el mundo del arte, en particular bajo el impulso de las instituciones culturales. En 2009, el Centro Pompidou propuso un nuevo colgante en sus colecciones permanentes, titulado Elles@centrepompidou, diseñado para destacar el trabajo de las mujeres artistas. Si bien la iniciativa fue controvertida,16 ciertamente hizo posible que el público en general descubriera o redescubriera a ciertos artistas. En el mundo del teatro, cada vez más directores proponen una programación conjunta, como es el caso de la Comédie-Française en 2016.17 El mercado de trabajo artístico aspira así a ser más equitativo, especialmente durante el proceso de contratación: la creación de audiciones ciegas, destinadas a deshacerse de cualquier sesgo en la elección de músicos, se está multiplicando a través de orquestas e instituciones líricas hoy en día.18 La necesidad de preservar el patrimonio artístico de las mujeres ha dado lugar a numerosos proyectos: bases de datos como AWARE (Archivos de Mujeres Artistas, Investigaciones y Exposiciones) reúnen las creaciones de mujeres artistas del siglo XX en un índice, y ofrecen conferencias temáticas, visitas e itinerarios. En 2013, bajo la dirección de la histórica activista feminista Antoinette Fouque, se publicó el Dictionnaire universel des créatrices, una vasta monografía sobre el trabajo de las mujeres artistas, pero también científicas, exploradoras, deportistas y activistas de todo el mundo desde el nacimiento del Hombre (y de la Mujer!). Sin embargo, es importante recordar que la historia del arte a menudo ha tomado una perspectiva occidental-céntrica, y que si la situación de las mujeres artistas parece mejorar hoy en día, esta mejora se refiere esencialmente a Occidente, Además, muchas mujeres siempre tratan de apropiarse del ejercicio del arte.19

Angie Hiesl and Roland Kaiser, Performance: china-hair-connection Beijing-Cologne, 2008. Fotografía de Jasper Goslicki, con licencia CC BY-SA.

Referencias


  1. Observatoire de l’égalité entre les femmes et les hommes dans la culture et de la communication 2017, Ministère de la Culture et de la Communication, Paris, 2017. 

  2. Ernst Hans Gombrich, The Story of art, Phaidon, London, 1962. 

  3. Fuente : Société des Auteurs et Compositeurs Dramatiques, 2016. 

  4. Annie Boulon-Fahmy, « L’art a-t-il un genre ? Les arts plastiques au féminin », Genre et éducation : former, se former et être formée au féminin (colloque), Université de Rouen, 2006. 

  5. Linda Nochlin, « Why have there been no great women artists? » in Woman in Sexist Society : Studies in Power and Powerlessness (dir. Vivian Gornick, Barbara K. Moran), New York, 1971. 

  6. Tyler Cowen, « Why Women Succeedn and Fail, in the Arts? », Journal of Cultural Economics, 20, 1996, p.93-113. 

  7. Vea el caso de la Suite Malborough en el Salón 1783, un panfleto anónimamente publicado, en el que las mujeres artistas de la época (Élisabeth Vigée Le Brun, Adelaida Labille-Guiard, Anne Vallayer-Coster) fueron violentamente insultadas. 

  8. Marthe Coppel-Batsch, « Artemisia Gentileschi (1593-1653) : sexualité, violence, peinture », L’Esprit du temps, 2008-8, 2008, p. 365-387. 

  9. Albert Boime, « The Case of Rosa Bonheur : why should a woman want to be more like a man ? », Art History 4-4, 1981, p. 384-409. 

  10. Marie-Josèphe Bonet, « L’avant-garde, un concept masculin ? », Itinéraires, 2012-1, 2012, p. 173-184. 

  11. Fuente: Ordre des architectes, 2016 

  12. Anne-Julie Ausina, « La performance comme force de combat dans le féminisme », Recherches féministes 272, 2014, p 81-96. 

  13. Fuente: Société des Auteurs et Compositeurs Dramatiques, 2016. 

  14. Philippe Coulangeon, Hyacinthe Ravet, Ionela Roharik, « Gender differentiated effect of time in performing arts profession : Musicians, actors and dancers in contemporary France », Poetics, 2005, p. 369-387. 

  15. Annie Boulon-Fahmy, « L’art a-t-il un genre ? Les arts plastiques au féminin », Genre et éducation : former, se former et être formée au féminin (colloque), Université de Rouen, 2006. 

  16. Nathalie Ernoult, Catherine Gonnard, « Regards croisés sur elles@centrepompidou », Diogène, 2009/1, p. 189-193 

  17. « La Comédie-Française au féminin pluriel », article du Monde par Fabienne Darge, 01.06.2016 

  18. « Ecouter sans voir : l’impact du paravent sur le recrutement des musicien-ne-s des orchestres de Paris et d’Île-de-France – Rapport final Janvier 2015 », OFCE – PRESAGE Sciences Po, Paris, 2015. 

  19. Voir le cas des artistes contemporaines chinoises : Phyllis Hwee Leng Teo, « Alternative Agency in Representation by Chinese Contemporary Women Artists », Asian Culture and History, 2-1, 2010.