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Mujeres y senos: ambivalencia y contradicciones

Cúbranse ese seno (que yo no sería capaz de ver), que usan para defender sus derechos, para sensibilizar sobre el cáncer de mama, o que desnudan para broncear en los jardines públicos… Pero desvístanse para vender automóviles, por ejemplo, el Mercedes S500 y sus ocho airbags (ver Figura 1), o para atraer a los pichones lujuriosos, de gruesa billetera. Es así como los bienpensantes despojan un poco más a las mujeres de su cuerpo, escupiendo a esas innobles Femen que osan mostrar sus senos, mientras que, bruscamente, terminan viendo los decorados de cuerpos astutamente desnudados que se nos imponen en los medios de comunicación masivos.

Publicidad del Mercedes S500
Figura 1. Publicidad del Mercedes S500

El pasado 10 de febrero, tres militantes de las Femen recibieron con los senos desnudos al antiguo presidente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, quien comparecía en el palacio de justicia por proxenetismo. Las tres mujeres lucían, sobre sus torsos desnudos, slogans que denunciaban a los clientes de la prostitución. Después de haber sido detenidas por las fuerzas del orden, fueron convocadas a comparecer ante la justicia el próximo 15 de diciembre, acusadas de exhibición sexual.

Figure 2. Militantes Femen arrestadas por la policía. Fuente : Joseph Paris, vía Wikimedia Commons, CC-BY-SA 2.0 Generic.

Pero Francia no es el único país que reprime la desnudez mamaria.

En Brasil, en noviembre de 2013, la actriz Cristina Flores fue arrestada mientras posaba con los senos desnudos para unas fotos en la playa. Al parecer, las autoridades brasileñas no soportan la vista de un pecho al aire. Y deben hacer, además, un gran esfuerzo en el carnaval (durante el cual las mujeres desnudas son toleradas) para soportar la visión de esas alegres tetas bamboleándose al ritmo de la música. Felizmente, sin embargo, podemos imaginar que el dinero de los turistas que llegan a disfrutar del espectáculo constituye un dulce consuelo a sus inefables penas.

En Estados Unidos, Jill Coccaro fue detenida por la policía en una playa de Spring Lake, en Nueva Jersey, porque tenía desnuda la parte superior de su cuerpo y se rehusaba a cubrirse. Ella fue condenada a pagar una multa de 816 dólares, por haber infringido un decreto municipal que prohíbe la “desnudez pública”. Después de haber apelado sin éxito ante la corte suprema de Nueva Jersey y, luego, ante la corte suprema de Estados Unidos, continuó rehusándose “a pagar una multa por un acto que es legal para un hombre, pero que no lo es para una mujer”, y fue condenada a 16 días de prisión. Esto sucedía en 2008.

Así, cuando mujeres que osan mostrar sus pechos se ven atacadas por la justicia (francesa o americana), cuando descubrir sus senos constituye un delito en Río, se puede decir que con su Tartufo, Molière finalmente había captado al Hombre moderno, quien, bajo apariencia de santurrón muy sabio y púdico, renuncia a escondidas a sus pretendidas convicciones, para satisfacer su buen placer.

Además, esta pudibundez ofendida, no contenta con ser hipócrita, parecería ser igualmente sexista. Que sepamos, nunca un individuo de sexo masculino se ha visto consignado a las autoridades por haber exhibido sus tetas ante pobres curiosos en estado de shock. Entonces, ¿cómo podemos justificar que el pecho de una mujer, que es (aunque estadísticamente más voluminoso) anatómicamente parecido al de un hombre, esté sujeto a tanta censura?

Si, en un fallo dictado el 29 de mayo de 1965, el tribunal de Grasse juzgaba que:

“En Francia, en el estado actual de nuestra moralidad, el espectáculo de una mujer exhibiendo el pecho completamente desnudo en las calles de una ciudad, incluso cerca de una playa, es susceptible de provocar escándalo y ofender el pudor de la mayoría.”,

el estado de nuestra moralidad parecería finalmente haber evolucionado, según el licenciado Ribaut Pasqualini:

“Poco a poco, un […] movimiento jurisprudencial se ha operado. Los órganos sexuales han sido reducidos al mero sexo.”

Entonces, que las Femen hayan sido consignadas a la justicia es un misterio sin resolver. ¿Por qué, en una sociedad donde la desnudez es omnipresente, las mujeres que deciden mostrar su pecho suscitan las rabietas moralizadoras de nuestros contemporáneos?

Fuimos a plantear esta pregunta al Ayuntamiento de París, que, en el marco de una campaña publicitaria, el verano pasado tomó la iniciativa de explicar a los ciudadanos cómo, según su sexo, convenía vestirse en los jardines públicos:

“Y sí, nada de nudismo en los jardines de París. Para los hombres, la tanga está prohibida. Pueden, sin embargo, tomar sol en short o en traje de baño; ambos son tolerados. En cuanto a ustedes, señoras o señoritas, el “topless” está prohibido: vistan su cuerpo perfecto con esos seductores accesorios que son los trajes de baño de dos piezas (bikinis) o de una pieza. ¡Lo esencial está en la sugestión!”

Afiches del Ayuntamiento de París
Figura 3. Afiches del Ayuntamiento de París.
Texto a la izquierda de la figura masculina: “En los parques y jardines no olviden vestir una prenda que cubra la parte inferior del cuerpo”. Texto a la derecha de la figura femenina: “En los parques y jardines no olviden vestir una prenda que cubra el pecho y otra que cubra la parte inferior del cuerpo”.

No sorprende, las mujeres no pueden quitarse “la prenda que cubra su pecho”. Pero ¡cuidado!, si usted es hombre, su trasero desnudo va en contra de las buenas costumbres, deberá ser cubierto sugestivamente con un slip. Para las personas transgénero, en cambio, esas instrucciones binarias no son muy claras: si usted es un hombre asignado mujer al nacimiento que no ha seguido terapia, ¿se le obligrá a llevar bikini? De manera más general, ¿cómo justificar de modo objetivo estos tratos diferenciados según el sexo, que mayormente vienen de parte de una institución pública? El Ayuntamiento de París se abstiene de respondernos sobre este punto, pero nos ha hecho saber, a pesar de todo, que su campaña está basada en una consigna de la Prefectura de Policía:

“Todo atuendo que dejara entrever las partes genitales o el pecho constituye una exhibición sexual, penalizada con un año de prisión.”

Decidimos entonces comunicarnos con la prefectura, con la esperanza de saber más sobre las reglamentaciones en las que se basan para prohibir el topless. Simplemente dijeron que no deseaban respondernos, bajo el pretexto de que no conocían la línea editorial de Kinea. Para tomar en cuenta: en un país democrático como Francia, es necesario escribir en un periódico de amplia difusión para obtener información sobre las leyes a las que estamos sometidos.

Se podría pensar que se ha alcanzado un nivel paroxístico de ridículo, aun sin incluir al gigante Facebook, que, en octubre de 2014, también reafirmó adherirse a la desigualdad hombre / mujer respecto a la desnudez. Mientras las fotos de torsos desnudos masculinos abundan en Facebook, esta red social (que es el segundo sitio web más visitado del mundo) bloqueó la página Facebook de Un bracelet contre le cancer, una organización de lucha contra el cáncer de mama, ya que en ella, en ocasión del mes de octubre “rose”, se había publicado la foto de una mujer con el pecho desnudo. Esta imagen formaba parte de una campaña de sensibilización contra el cáncer: desde el 1º de octubre, cada día la asociación publicaba la foto de una mujer, enferma o no, joven o no tan joven, y más o menos desnuda, con el objetivo de sensibilizar al público sobre la importancia de la detección del cáncer de mama. Facebook, al que un usuario notoriamente indignado había reportado dicha publicación, bloqueó entonces la cuenta de la asociación, invocando sus condiciones de uso con una precisión deslumbrante: "Facebook se reserva el derecho de limitar el posteo de imágenes de “ciertas partes del cuerpo”". He ahí cómo resuelve la cuestión de manera eficaz. Además, esto nos recuerda la censura de la que fue blanco, en 2001, Breast Cancer Awareness Body Painting Project, proyecto del fotógrafo americano Michael Colanero: un artista había pintado los torsos desnudos de mujeres que sobreviven al cáncer, y las fotos, sin que esto sorprendiera, fueron eliminadas de Facebook.

Ilustración por Klifton Kleinmann.

Para responder nuestras interrogantes sobre el ostracismo arbitrario del que son prisioneros nuestros senos, podemos citar al sociólogo y antropólogo Christophe Colera, quien explica el carácter tabú del pecho femenino por su “dimensión sexual”:

“Nos podemos preguntar si, a este nivel, no hay una prueba de Darwinismo. En efecto, las mujeres hoy tienen senos mucho más grandes de lo que es necesario para nutrir a un niño. Algunas tesis explican esto por el hecho de que los hombres siempre han tenido tendencia a escoger mujeres de pecho grande. Aquí, la dimensión sexual intervendría, por lo tanto, en la selección natural.”

Entonces, si los senos de las mujeres hoy son sexualizados, será porque han hecho, desde siempre, fantasear a los hombres. ¿Pero ésta es una razón válida para obligar a las mujeres a cubrirlos?

En efecto, nuestra sociedad se erige, en nombre de los derechos del Hombre, contra el uso del velo islámico, símbolo de la dominación masculina. Impone, sin embargo, a todas las mujeres esconder su pecho, bien que los hombres pueden exhibir el suyo. No obstante, en los dos casos, las mujeres deben esconder una parte de su cuerpo porque ésta se considera erótica y es susceptible de atizar el deseo de los hombres. La diferencia entre nuestra sociedad y las sociedades musulmanas que imponen el velo no es, en este punto, finalmente más que una cuestión de grado: algunos países no autorizan de ningún modo que las mujeres aparezcan en público con los cabellos descubiertos, mientras que las mujeres francesas pueden gozar de la semidesnudez autorizada en la playa.

Por otro lado, el carácter sexual del pecho no basta para explicar la censura selectiva de la que es objeto: aunque los pechos de las mujeres utilizados con un objetivo comercial están autorizados, los senos desnudos que la mujer usa para sí son juzgados susceptibles de ocasionar disturbios en el orden público. Dicho de otra manera, los senos desnudos de las mujeres sólo son moralmente aceptados si la mujer es objetivada; los senos de la mujer liberada son una amenaza al orden moral.

Así, la relación de la sociedad occidental con el pecho de las mujeres es bastante reveladora de un sistema de pensamiento que nos impregna a nuestras espaldas: se lucha contra el llevar un velo, pero se condena a las militantes de la asociación feminista “Les Tumulteuses” por haber hecho topless en las piscinas municipales. Los cuerpos de las mujeres son, finalmente, más aceptados por la sociedad cuando ellas están en posición de objeto, y no cuando se reivindican como sujeto.